Fernanda

En el reloj la media noche se hacía presente y yo como siempre, me encontraba a pie de barra. En las bocinas sonaba una agresiva guitarra de un buen blues.

—Hermano, sírveme otro whisky en las rocas.—Le pedí amablemente a Francisco, el barman del lugar.

Mientras disfrutaba mi trago la vi sentarse a escasos metros de mi, en la misma barra. Era una mujer sin duda despampanante con pantalones negros de mezclilla en tallados y una blusa demasiado escotada que dejaba poco a la imaginación.

Su melena tenia un tono rojizo que contrastaba con el verde intenso de sus pupilas. Su pecho no era prominente; sin embargo, estaba perfectamente diseñado. Sus labios hacían juego con su cabellera, rojo intenso, aquel que te invita a perderte en el deseo.

—Suele beber coñac acompañado de fondant de chocolate.—Me dijo Francisco, al ver mi cara de intriga sobre aquella mujer.

Estaba totalmente perdido en ella. Por mi mente imaginaba sentándola en la barra, desgarrando su blusa y recorriendo su cuerpo con mis manos. Al parecer no fui discreto, ella se percato de la mirada insistente que tenía sobre su anatomía.

—¿Te molesta si compartimos un trago?—Me dijo con un tono muy sensual mientras se acercaba a mi.

—Adelante, estuve esperando este momento toda la noche.—Le contesté mientras le hacía una seña a Francisco para que nos sirviera otra ronda—. ¿Gustas un coñac?

—Le diste al clavo, solo faltaría el postre. —Contesto sutilmente con una sonrisa marcada en su rostro.

La plática se fue extendiendo, pasaron los minutos y cada frase se volvía más candente. Sus labios rozando el filo del vaso provocaban mil fantasías en mi cabeza. Su sonrisa era traviesa y sabía coquetear jugando con su melena. Ronda tras ronda nos fuimos desinhibiendo; el whisky y el coñac jugaron un gran juego.

Pasaban de las cuatro de la madrugada y el bar estaba a punto de cerrar. Como todo un caballero pagué la cuenta y me ofrecí a llevarla. Caminamos hacía donde nos esperaba nuestro taxi; sin embargo, algunos metros antes me detuvo y me planto un beso apasionado.

—En mi departamento podemos continuar el juego —Exclamo mientras acariciaba mi rostro con sus manos.

Acepte su propuesta y nos dirigimos a su departamento. Al llegar, la aprisione en la entrada mientras mis manos liberaban su escote. Ella por su parte logro abrir la puerta a pesar de la intensidad con la que la tomaba. Estando adentro la sorprendí cargándola, posando mis manos en sus nalgas; mientras devoraba sus pezones.

Ella lo disfrutaba tanto como yo, descubrí una barra dentro del departamento. Aún algunas botellas se encontraban ahí. Con uno de mis brazos avente todas las botellas al suelo, provocando un ruido penetrante.

Ella gemía intensamente mientras mi lengua recitaba un buen acorde de una guitarra de blus en su entrepierna.

El alcohol, la pasión y el desenfreno hicieron de esa noche una locura. Terminamos rendidos en su cama, despertamos hechos mierda el domingo a las dos de la tarde.

Compartimos un baño de agua helada, mientras nuestros cuerpos aún se reclamaban. Deshicimos la cama un par de veces más antes de irme.

—Disfrute mucho la noche, gracias por el coñac; por cierto, me llamo Fernanda. —Me dijo, antes de cerrar la puerta.

Whisky en las rocas

Autor: Andrés Venegas

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