Un amor a la antigua

Escribirte cartas que letra a letra conformen las palabras mas lindas que describan a la perfección lo que siento por ti. Llevarte un ramo de flores hasta la puerta de tu hogar, nervioso con los cachetes colorados y poder relajarme hasta ver tu sonrisa al recibirlas entre tus manos.

Compartir una caja de chocolates mientras estamos tumbados en el pasto viendo hacía el cielo tratando de encontrar formas en las nubes. Regalarte peluches con nombres cursis en representación del amor, dedicarte canciones románticas que describan lo que por ti siento.

Estando lejos, llamarte para pasar horas y horas al teléfono escuchando las aventuras que vivimos en el día. Que el tiempo se pase volando y que al darnos cuenta sea de madrugada teniendo que colgar por que ya es demasiado tarde.

Ir al cine para ver películas románticas tomados de la mano, que me abraces en las de terror y compartir comida tal como si no hubiéramos comido en días. Llevarte al boliche o a patinar para que te rías un rato viéndome hacer el ridículo por ser tan descoordinado.

Robarte por tardes enteras para caminar tomados de la mano por el centro de la ciudad, sentarnos en las bancas de los parques viendo a la gente pasar mientras charlamos de nuestro futuro. Recorrer cada cafetería del barrio donde acompañado de una taza bien caliente serás la inspiración para escribir mis letras.

Danzar bajo la lluvia mientras vemos a todos correr buscando refugio, bailar a mitad de la calle por el simple gusto incluso olvidando que los demás se nos quedan mirando. Compartir el helado, bailar pegados e inventar palabras que solo nosotros dos conozcamos.

Grabarnos diálogos de películas de amor para recrearlos cada que encontremos el escenario ideal, tomarnos fotos y revelarlas para ponerlas en un álbum con los momentos más bonitos para que en un futuro ya estando viejitos, nos ayuden a recordar todo lo que vivimos.

Quiero contigo un amor bonito, un amor sincero, un amor que todo lo pueda. Quiero amarte a mi modo aunque sea un amor a la antigua.

Autor: Andrés Venegas Ruiz

Fotografía

Por mi mente los recuerdos de las tardes de abril a su lado, mientras un blues ambienta aquel cuarto, por la ventana la lluvia danzaba y el aroma a café poco a poco se impregnaba. En mis manos sosteniendo una foto donde estamos retratados y de fondo sale aquel parque que frecuentábamos; el mismo que fue testigo de cómo empezamos.

Tardes enteras que pasamos sentados en aquellas bancas hablando, cómplice de tantas peleas que tuvimos, cómo no recordar cada estación del año que pasamos ahí. Nos mojamos por los charcos derivados de las precipitaciones en la primavera, salir a observar el arcoíris que se pintaba en el cielo después de la tormenta. Pisar las hojas secas por las tardes anaranjadas de otoño; escuchando su estruendo sinfónico.

Los helados que compartimos por culpa del calor insoportable de verano pero, sin duda mi momento más especial era verla vestida de esquimal por el frío que se presentaba en invierno. A mi mente llegaban en forma de flash algunos momentos memorables, nuestro primer beso bajo aquél árbol o cuando me dijo que lo de nosotros no estaba funcionando.

Sostenía entre mis manos la fotografía más importante que tenemos. Estamos sentados en una de las bancas y tras de la cámara un desconocido al que le pedimos que nos retratara. Un rayo de luz parecía nos apremiaba para que tuviéramos la foto perfecta y en sus piernas aquél libro que me leyó por noches enteras. Mi cara marcaba una sonrisa y como era mi costumbre mi mano aprisionaba la suya, entrelazándonos, fundiéndonos en una sola persona.

Podía recordar lo que paso después de esa foto cuando fuimos a su casa y vimos su película favorita. Bueno, ella vio la película, yo solo me quedé dormido clásico gesto de amor. Recuerdo que desperté y no estaba a mi lado pero, al fondo se veía la luz de la cocina encendida y ahí estaba ella, preparando pizza en forma de corazón para la persona que se durmió; entonces comprendí lo que en verdad era el amor.

Al verme entrar sonrió y dijo – La cena está lista, cariño. – Sentí mucha paz y mi cuerpo se inundaba de amor. Tenía la mejor mujer y aún ahora es imposible calcular el valor de ello.

Hoy en día, todo eso se esfumo y cada uno de nosotros tomó un camino distinto. He podido observar fotos actuales de ella y veo una gran felicidad en su rostro, misma felicidad que me llena el alma y se que de lo nuestro solo quedan fotografías; memorias de nuestros días felices.

Solo quedan trozos de papel donde estamos retratados y en la parte trasera una dedicatoria que recita «A tu lado siempre estaré. I love you to the moon and back».

Después de que todo termino aquella frase me parecían solo palabras vacías y dichas al aire pero, me doy cuenta que es todo lo contrario; no hay una vuelta a la luna que no piense en ella.

Y cumplió su promesa pues aunque ahora la distancia nos separa, ella va a mi lado, al lado izquierdo de mi pecho; ahí donde iría el corazón.

Autor: Andrés Venegas